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Este año es lamentable en cuanto a lectura se refiere. Con lo que yo soy, no he leído ná de ná! Muy mal! Debo decir en mi descargo que la pequeña es uno de los mayores motivos para no leer. Ella, y el sueño infinito de por las noches. Desde que me reincorporado al trabajo he podido dedicarle más tiempo en el metro, así que espero ponerme al día pronto. No obstante, ha sido un año de sagas. No he parado de engancharme de una a otra… qué follón!

Esta es mi lista de 2011. Ya me diréis qué os parece:
Como nos estamos volviendo locos con la literatura nórdica, pues hale ahí, que todo es nórdico ahora. Primero fueron las turistas macizorras en nuestras pelis, y ahora sus libros. De no ser porque se está publicando cada truñazo que no veas, habríamos salido ganando, jeje.
El libro del que os quiero hablar hoy es uno de esos nuevos boom que van acompañados de la leyenda “la novela que podría convertirse en el nuevo Millenium…” Cháááááán. Señores, Millenium es irrepetible. Primero porque era buena, segundo, porque fue la primera. Esto es como OT: ninguna edición será como la de Bisbal. Es así.
El caso es que después de tragarme varios truños, como Estocolmo Estación Central o la terrible novela de Asa Larsson, Aurora Boreal, me compré ésta porque en algún sitio leí que no estaba mal y ya sabéis que hay que leer de todo, no sea que en una de ésas, acertemos.
Os pongo en situación antes de decir qué me ha parecido: la trama se inicia con el asesinato de una familia en Estocolmo. Un crimen brutal, del que sólo hay un superviviente: uno de los hijos, de tan sólo 15 años de edad.
El caso es asignado a un detective llamado Joona Linna (telita con el nombre) quien, ante la necesidad de saber quién lo ha hecho (que para éso le pagan, no?) y proteger a posibles víctimas futuras, convence al médico especialista en Hipnosis, Erik Maria Bark, para que le someta a una sesión.
Así descubren que el chavalín tiene una hermana, Evelyn, que vive fuera de la ciudad y claro, es importante encontrarla, no sea que quieran matarla también a ella.
Hace poco me regalaron mi primer libro del escritor Dennis Lehane, “Un trago antes de la guerra” (del que hablé en este post).
Fue un regalo acertado (¿cuándo no?) fruto de una crítica de su obra tras el estreno de la película de Scorsese, “Shutter Island”. De pronto este nombre desconocido para mucha gente (por mí, por ejemplo), surje con fuerza entre los libros de Novela Negra. Sorprendente que sea ahora, cuando también surgió de él la maravillosa película “Mystic River”… cosas de la publicidad.
Así que como sabéis que soy lectora de sagas compulsiva, me compre “Shutter Island” y me lo leí antes de ver la peli (práctica que recomiendo encarecidamente a todo el mundo). Leer el libro te hace darle el valor justo a la película basada en él. Te permite disfrutar de los fotogramas porque conoces la dificultad de convertir en imagen lo leído y ser fiel a cada línea….
Dennis Lehane me sorprende de nuevo con una novela trepidante y sorprendente. Por lo pronto, porque se va de lleno a los años 50 (la que leí antes estaba ambientada a finales de los 90), y se desenvuelve con soltura y maestría. Es fácil trasladarte allí con él.
Tengo que intentar hacer esta crítica sin insultar a nadie, y me va a costar , jaja! No sé ni por dónde empezar… bueno… Allá que voy:
En algún momento de los últimos… hummm… digamos 5 años, la literatura nórdica se convirtió de pronto en algo así como “lo más grande del mundo” y la gente sólo leía cosas escritas por señores rubios con más consonantes que vocales en sus apellidos. En realidad, esta literatura siempre estuvo ahí, con ejemplos tan claros como Henning Mankell, pero por alguna extraña razón, no pertenecían al basto mundo del Best-Seller.
Y de pronto, llega Millenium… y Stieg Larsson.. y el éxito de tres novelas indudablemente entretenidas que, por alguna extraña razón, hacen pensar a todo el mundo que ser sueco hace que escribas de puta madre.
Consecuencia de esto que os cuento es este libro: Estocolmo, estación central. Es el resultado de la fiebre por lo nórdico, que va más allá de cualquier calidad y de cualquier filtro. Hale, venga ya, que lo publicamos todo!!!. Un rollo Assa Larsson, que sabéis que tantísimo me hizo disfrutar XD.
La historia comienza cuando llevan a un hospital a una chica que está fatal y los médicos se quedan flipados al ver las heridas que le han hecho de una paliza. Esto que he tardado en contaros media línea, en el libro es un pestiño lacrimógeno que dura muchísimo y que se cruza con tres historias más, consiguiendo que no sepas qué pasa, quiénes son, ni por qué has comprado el dichoso libro éste que no hay quien entienda.
Si cogéis la reseña de la casa del libro, os cuenta en la segunda línea que “la joven se llama Lydia, y es víctima del tráfico de blancas: su novio la vendió en Lituania y ahora está atrapada en un burdel en Estocolmo, donde la fuerzan a pagar su deuda.” Ole ahí, el destripe, lo manido, lo previsible…
Tantas cosas que contaros y tan poco tiempo para escribir… ayyyys, qué mal.
Hoy os quería hablar de un libro, pero como tengo otro en la recámara y el primero me gustó y me lo recomendó Rober, pues he pensado en hacer la crítica del suyo, y yo le recomiendo otro a cambio. ¿Te hace el trato, pequeño?
Roberto me recomendó hace ya unos meses el libro “Noche sobre las aguas”, de Ken Follet. Es, si no recuerdo mal, lo segundo que leo de este escritor… lo primero no sé qué fué, pero desde luego no era el archiconocido “Los pilares de la Tierra”, con el que, por mucho que me lo recomienden, no me pongo nunca o no paso de la página 150. No sé qué será, pero es que no me apetece nada de nada! (y que conste aquí que lo compré, y que sigue estando en la estantería. A veces le miro, me mira, y nos preguntamos por qué no nos relacionamos más. Pero nada, no hay forma).
El caso es que aun estando escrito por Follet, que no me acababa de gustar, la recomendación venía de alguien de quien me fío en extremo en materia de libros (en lo demás, también), así que… me puse a ello.
Noche sobre las aguas inicia su historia en Septiembre de 1939, momento en que Gran Bretaña ha declarado la guerra a Alemania. Aristócratas, hombres de negocios, políticos, y en realidad, gente acaudalada que puede costearse el billete, huyen de la guerra a bordo del último hidroavión que despega con destino a Estados Unidos.
Lo que comienza siendo el relato de cada pequeña historia, una por pasajero, se convierte en una aventura trepidante que hace que te bebas el libro en un santiamén. Y no sólo porque tiene una trama entretenidísima, rápida y bien dirigida, sino porque además traslada perfectamente lo rudimentario de los primeros vuelos transoceánicos, y los riesgos de éstos (y es que, madre mía, esta gente estaba de la olla. Yo no vuelo así, ni de coña!!).
Peca a veces de cierto tono pelín pasado de moda (propio de la época, sin duda) y de cierta cursilería en las historias de amor que vuelan también en el hidroavión, pero en general debo decir que es una novela muy entretenida en la que no encontrado pegas para pasarmelo bien (debo añadir que, como ya pasaba en alguna novela del autor, las escenas de sexo son tremedas…jiji).
Después de éso, me lancé a por un autor de novela negra, que pasa a formar parte de mis favoritos, sísísí! Rober, tienes que leerla.
Ayer me fui con unos amigos al Expocómic.


Quedé con ellos allí. Hacía mucho que no iba al sitio donde se celebraba, así que me preocupaba no saber encontrarlo. Mi amiga Be me dijo: “no te preocupes, sigue a los frikis“. Y tenía razón. Al salir del metro vi a una chica que llevaba orejas de gato y el pelo rosa y me fui detrás de ella. Me crucé con tres chicos vestidos de samurai y otras cuatro personas con orejas de gato. Clavao, oye: En 2 minutos estaba en la puerta del recinto.
Me lo pasé muy bien. Y pensé en muchas cosas que quisiera compartir.
No me gusta nada esbribir los mismos posts que cuelgan otros blog de fotografía, porque al final todos estamos escribiendo sobre exactamente lo mismo cada semana y no tiene mucho sentido… pero lo cierto es que he visto en Microsiervos una noticia sobre la revista online Ncuadre, y no puedo no escribir sobre ella.

Así es navegar por la revista Ncuadre
Es muy buena. No sólo por el formato, muy cómodo de ver y a un tamaño que permite disfrutar de cada página, sino por la calidad fotográfica de los contenidos, que distan mucho de algunas revistas que circulan por ahí.
Además, esto de que haya gente empeñada en descubrir y promocionar a nuevos fotógrafos siempre es muy buena noticia, así que pasáos a echar un ojo, que seguro que os gusta mucho.
Leyendo una revista el otro día me encuentro con la reciente publicación de una edición limitada de 1.500 unidades sacada por la editorial TASCHEN sobre la obra fotográfica del actor Dennis Hopper. Ni idea de que hacía fotos…
El libro, que podéis adquirir por el módico precio de 500€ en la FNAC (ejemmm…), recoge el trabajo de este actor entre los años 1960 y 1967, época en la que por lo visto iba a todas partes con su cámara (desde fiestas a estrenos, pasando por rodajes, grabaciones en discográficas, mítines políticos o viajes en carretera). ¿El resultado? un libro fantástico lleno de fotos increíbles que me ha dejado estupefacta… ¡Mírale, qué fotos más chulas hace el tío y nosotros sin saberlo!.


Hacía mucho, muuuucho, que no leía nada de 
¿Qué decíais...?