Bueno, bueno, bueno. Pues ya la he visto. No leáis nada si queréis ir a verla, que la pienso destripar.

Nos fuimos en Diciembre a verla por falta de algo decente en las carteleras, inundadas por Alvin y las Ardillas y Nico, el reno que no podía volar. No pudimos ver la 3D porque estaba a tope, así que nos conformamos con una tímida y vacía sala en 2D. Casi mejor, mire usted.

Yo estaba nerviosa, sí. Primero porque han puesto Avatar por las nubes, y uno va con la sensación de estar a punto de ver algo grandioso, único e irrepetible. Esto pone nervioso. Por otro lado, porque Cameron es grande (nos guste o no) y siempre hace películas muy grandes también. Sus pelis son ñoñas, tontas, idiotas, de argumentos manidos y facilones, blablabla, lo que queráis, pero muy grandes técnicamente. Si alguien tiene que ponerle alguna peguita a Titanic como espectáculo visual, que levante la mano.

[Inciso: Para mí hay varios tipos de cine. Muchos, pero tres a destacar.

A saber: uno, las pelis que molan, con argumentos que te mueven el corazón y el intelecto, y te dejan revuelto tres días. Dos, las de infancia, que ya pueden ser malas de cojones, pero con las que no se puede meter nadie porque son MIS películas (en mi caso, aquí entran todos las de los 80 del tirón). Y tres, las que son puro entretenimiento: te lo pasas bien, la vista se recrea, y sales del cine con la sensación de que no te ha aportado nada, pero has estado como cuando tenías 10 años y veías El Impero Contraataca].

Al empezar, todo muy chupi, que diría Be. Mucha ciencia ficción, de ésa con tecnología molona que sueñas con llegar a ver algún día en tu barrio: Gente que se monta en robots gigantes y que controlan como si fueran ellos mismos, pantallas táctiles en los ordenadores que puedes llevarte por ahí… muy bien, vamos.

La historia cuenta lo siguiente: nos hemos cepillado recurso que quedaba en la Tierra, así que nos vamos a otro planeta (llámese Pandora) a ver qué tal se nos da cargarnos un sitio nuevo. Claro… está habitado, y los oriundos no ven con buenos ojos que les quememos el planeta, así que se resisten. Normal.

Total, que montamos una base semi-militar porque ya está bien de tanta resistencia, y llevamos a soldados a cascoporro. Por si las moscas, llevamos también a un grupo de científicos, a ver si ellos estudiando con la lupa descubren el punto débil de los lugareños y no hace falta  matarlos a todos.

Y a éstos se les ocurre una cosa super guay (para éso son científicos): mezclan genes de ser humano y habitante de Pandora (al 50%), lo hacen crecer in-vitro, y luego conectan el sistema nervioso del bicho resultante con el dueño de los genes humanos usados en la mezcla.

¿Y qué pasa? Pues que el bichejo pandoriano pone el cuerpo, y el humano lo “controla” a distancia desde una cápsula en el laboratorio… Vamos, no me digas tú lo guay que es ésto, y lo que se parece a mi Avatar del Facebook. Con este sistema esperan meterse en el grupillo y hacerse amigos de los habitantes de Pandora, a ver si les convencen y logran extraer todos los recursos del planeta sin tener que matarlos. Somos super majos.

Y en estas llega el protagonista. Es soldado, que no científico, y va en silla de ruedas porque no sé qué le había pasado en Venezuela y claro, con este planteamiento, en cuanto lo enchufan a la máquina se vuelve loco de emoción porque por fin puede andar (usando el cuerpo de su avatar) y aunque la científica jefe (Sigourney Weaver) está en contra suya porque no es científico (clásica resistencia cinematográfica, como Leia con Luke al principio), enseguida ve que el tío se maneja con los aborígenes, que es muy gracioso y se hacen amigos. Esto despierta las envidias del resto el equipo de científicos que llevan tres años estudiando como locos y a los que Weaver no les hace ni caso.

Como esto es cine, pues en apenas 10 minutillos el tío ya se pierde en la selva pandoriana, la lía parda con la mitad de la fauna autóctona, y conoce a la protagonista, llamada Neytiri, una Pocahontas azul, de Greenpeace y muy sensible. Ella no está nada contenta con él porque viene de fuera, en una clásica reticencia al inmigrante, pero que se lo lleva con la tribu porque se le han posado 15 semillas de árbol sagrado y ella ve que ésto va a significa algo. Una aguililla es la chica.

La churri pandoriana

Y se lo presenta a sus padres (que, cómo no, son el jefe de la tribu y la curandera), y después de varios tira-y-afloja, le dicen que venga, que le enseñan a ser de la tribu y si aprueba, le hablan.

Mientras es Avatar no para quieto (venga de subir árboles y cazar y montar a caballo…)  y por la noche, cuando se desconecta de la máquina y vuelve a su cuerpo normal, Sigourney Weaver le tiene tres horas grabando un videoblog. No pega ojo la criatura.

La parte clave en la historia es que, con tanto ir y venir de una realidad a otra, el chaval empieza a dudar. Porque claro, siendo de la tribu anda, corretea, y aprende muchas cosas muy buenas, conectado a la naturaleza como si fueran uno… y esto le empieza a doler porque se está colando por la pocahontas pandoriana. Love is in the air.

Resumiendo: el chaval aprueba pero confiesa (por la cosa del amor), que en realidad al principio iba a verles para cotillear, y Pocahontas se enfada. Él la intenta convencer con argumentos tipo: “Ya, Mari, pero es que por entonces no os conocía y ahora me caéis super bien“, pero nada: ella está indignada. Y en ese momento el malo-malísimo les mete tal somanta a base de misiles, que se carga la chabola de la tribu. Bueno, bueno, bueno! Qué tensión!!

No os cuento más, aunque ya estamos que nos subimos por las paredes de la tensión emocional. Decir sólo que él se convierte en una mezcla de Gladiator y William Wallace sin cuadros escoceses, viajando por todo el planeta como Al Gore y llega así la esperada orgía de efectos especiales en una lucha encarnizada por la libertad. Chááááán!!!!

Momentos de encarnizada batalla

Ainsss, chicos: sí es Avatar, la versión moderna y 3D de Pocahontas, con un 60% de efectos especiales y tan solo un 40% de realidad. No vale un duro argumentalmente, pero está bien hecha, las cosas como son.

No me parece bien, ni justificable: se podrían tener en cuenta factores como “buena historia”, “diálogos inteligentes”, o incluso “nueva y original historia” y luego meterle efectos especiales, y no hay una disculpa en este sentido. Las buenas peliculas lo son por la historia en sí, y despistar al espectador con “fuegos artificiales” no hace que se nos olvide que la peli es malísima. No somos idiotas, gracias. Una cosa no quita la otra, pero se ve que el talento, el ingenio y la inventiva de Cameron no dan para más… lástima.

La peli es un repaso de los tres mil topicazos cinematográficos, en un intento de tocar todos los palos morales que ahora están más de moda que nunca: cuida el planeta, lucha por lo que crees, la belleza está en el interior, no temas lo desconocido… da taaanta pereza.

El caso es que es indudablemente revolucionaria técnicamente y me lo pasé bien. El mundo Pandora es espectacular y está hecho de forma que resulta hasta creíble. Hasta tal punto es así, que leía con estupor el otro día en un artículo sobre Avatar en El Mundo, que habían detectado depresiones post-visionado, ya que según decía “algunos de sus ‘fans’ languidecen, se deslizan hacia la depresión y viven tentados por el suicidio debido a la imposibilidad de disfrutar en la vida real de Pandora, el planeta donde transcurre la acción” (podéis leerlo aquí). No comments.

Con todo lo dicho, debo decir que perdoné que durara casi tres horas, porque se pasan rápido, y son entretenidas.

No entrará nunca en mi ranking de películas favoritas, pero había que verla…

[Siento el destripamiento parcial, pero merecía la pena verlo así, para dar a entender mi punto de vista. A los que hayáis llegado hasta aquí sin haberla visto antes: maaaaal!, muy mal!, aunque podría ser peor, claro. A los que sí la hubiérais visto, pues nada: que ya estáis comentando vuestras impresiones]

Yo, de momento, me voy a Facebook, que voy a saludar a mi avatar pocoyizado. :)